Sitges cautiva en su inicio con La Bruja

T. PORQUERAS
Ayer se dió el pistoletazo de salida y la ciudad de  Sitges se rindió un año más a este emblemático festival de cine fantástico que sigue moviendo masas año tras año. Todos los ojos estaban puestos en la película elegida para abrir el festival. En su 48ª  cumpleaños el certamen comenzó con la sorprendente La bruja del novel  Robert Iggers.

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Cartel de la película

La Bruja es un film redondo que logra cautivar y no sólo por lo que cuenta, sino por lo que deja de poso, las múltiples posibilidades que el tema aporta en la mente del espectador.
A priori parece que el argumento inicial de una familia sometida por el yugo de la religión y que vive en soledad su destierro poco o nada puede ofrecer al mundo del fantástico. Por otro lado, su joven director maneja con maestría los tiempos y  las imágenes y sabe sacar rendimiento a sus personajes, hasta el punto que La bruja es un envidiable  film en donde el fantástico da un paso más allá y se convierte en una aguerrida crítica contra las religiónes, y en concreto, contra aquella que dicta que el hombre nació  impuro, en pecado, indigno, y que  por esta causa, debe sufrir y martizarse hasta el final de sus días, asi como lo hacen incansablemente los torturados personajes de La Bruja. Tanta es la flagelación de la familia ( un matrimonio y sus 5 hijos) que al final el espectador vive en sus carnes ese desasosiego interno. La atmósfera realmente asfixia y el espectador en cierto momento desea imperiosamente que al final, aparezca el desenlace esperado, que por fin nos libere.

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ANYA TAYLOR-JOY y ROBERT IGGERS

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Un fotograma del fim

La tiranía represora que se autoinflinge  la familia  que vive sola en una casa  de labranza de Nueva Inglaterra contrasta con la libertad que simboliza y representa el bosque que se encuentra a escasos metros del hogar. La naturaleza  en la película simboliza la  oscura libertad, el pecado y lo prohibido. Libertad versus opresión,  una antítesis que dará mucho juego en el fim.

En el interior del pecaminoso bosque, en  la espesa arboleda viven brujas asesinas sin corazón, que practican la adoración de  su amo y señor Satán que no desistirán hasta tentar a esta infeliz familia. A medida que va avanzando la cinta, los principales personajes pierden la  cordura y las muertes se suceden inexorablemente una tras otra. La hija de la familia, la actriz encarnada por Anya Taylor- Joy, cumple un papel vital en el desarrollo de La Bruja y sin su mirada entre ingenua y asombrada, nada sería lo mismo. Sin destripar el final , la cinta culmina cuando nos  retrotraemos al mundo brujeril, a  la ansiada libertad o a la perdición más extrema – según se mire- que por fin, elegirá el personaje de Anya.
Un film que hace pensar y reflexionar sobre qué y en qué consiste  la verdadera libertad del hombre, sometido desde su nacimiento a la soga  de la religión, unas creencias que asfixian, que hacen sufrir y fustigarse a esta familia anclada en un indeterminado pasado. Y siguiendo esta misma pauta La Bruja  explica claramente como la libertad y la ausencia de  normas estrictas  que dicten lo que hay que hay que hacer, desemboca ineludiblemente en  el pecado, simbolizado por las brujas, Satán y el bosque. Una pauta que incluso hoy en día se sigue creyendo.

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